Se calcula que a lo largo de la vida recibimos una media de seis millones de llamadas telefónicas. A mí me ha bastado una. He de reconocer que hace ya unos meses que la primavera se adueñó de su cara. Una cara que imagino, en secreto, algunas noches en las que me pesa la nostalgia. Siempre he visto en sus ojos cargados de cielo un lugar donde pararme a descansar, donde pararme a respirar. Un soplo de aire fresco en tiempos con más cólera que amor. Ya no hace falta imaginar. Oslo llegará mañana a las 00:30 de la noche, y yo… yo lo recibiré con la sonrisa más tremendamente desordenada.
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