
Me preocupaba haber provocado esa extraña ira en mi interior, que estallaba cada vez que cedía ante tí en Madrid y revelaba con demasiada claridad lo obsesionada que estaba. Será el tiempo, o el viento de aquí. Será tus malditos ojos, que aparecen cada vez que cierro los míos. Será la arruguita de tu frente que se forma cuando duermes o la forma en que gira(ba)s la cabeza al mirarme. Será una cosa o la otra, pero si te plantas en mi puerta, te recibo. Y tráeme el alma y el cuerpo, que te lo quedaste.
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