05.01.2011
¿Alguna vez has cerrado los ojos tan fuerte deseando caer en el sueño profundo que te despierte mañana? ¿Siendo las 8 de la noche? ¿Únicamente porque mañana Él te espera delante de la boca de metro de Tribunal?
Llevo 6 años de ceniceros plagados de diagnósticos de cáncer, por tanto, entiendo aquello de que el cuerpo te pida algo desesperadamente después de cada comida, después de cada copa. Pero nadie me habló de lo que ocurre cuando es el corazón el que te pide algo con la misma desesperación con la que bebes agua al despertar una mañana de domingo tras una larga noche llena de palabras terminadas en -ina. Nadie me habló del mono que surge cuando llevas 24 horas sin mirarle a los ojos. Porque estoy haciendo justo lo que creéis, comparar esas ganas con algunos de los peores vicios de este mundo. Porque con Él he aprendido todas y cada una de las miserias del ser humano y, a pesar de eso, lucho cada día en una guerra sin cuartel, donde es el compañero el que acribilla al único bando que ya queda en pie. Lucho para salvarnos de la obviedad. Lucho para salvarte, amor.
Pero cuando el contrincante es el vicio todas las fuerzas se deslizan por los bolsillos hasta terminar en el suelo, y no hace falta mostrar bandera blanca para que Él vea que has perdido, que -un abrazo y deja de quejarte-.
Que has demostrado que mi peor vicio eres tú.
06.01.2011
El equilibrio es imposible cuando vienes y me besas, decía Ivan Ferreiro. Y lo cierto es que tienes ese poder para desestabilizar los cimientos del muro que trato de edificar entre los dos. Y cada minuto, cada hora, cada día, tejo dos cuerdas, opuestas, antónimas. La que me aleja de ti hasta un lugar seguro y la que me acerca hasta un lugar feliz. Y, a pesar de que 'pesa más la rabia que el cemento', me veo cada día en ese mundo tuyo tan inseguro, tan inestable: tan feliz; deseando estar tirando de la cuerda que me saca definitivamente de él.
Y de repente, las consecuencias se desvanecen y el camino se convierte en lo más bonito. Ya ves amor, he decidido intentar lo inalcanzable, tocar el cielo con los pies en la tierra, rescatar las mañanas de jueves del grupo de las perdidas. Ya ves, amor, no me queda otra que asumir el riesgo.