A pesar de sus aparentes incovenientes, adoro estar fuera de esa ciudad que me coarta y me limita, me ahoga y me asfixia, me golpea y me insatisface, me arruina y se ríe de mí. Y estar lejos de la gente, sola, para que por lo menos mi soledad esté justificada porque sea real, porque no hay peor sentimiento que el de sentirte solo cuando estás rodeado de gente.
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