viernes, 16 de abril de 2010

ONE HUNDRED AND FIFTY


Vengo del dentista, me esperan dos horas con la boca inconsciente por la anestesia. La mandíbula inferior se desprende ligeramente de la superior, entreabriendo la boca y sacando así una sonrisa de payaso, irremediable, ilusa, suave, despreocupada: drogada. Trascurridas estas dos maravillosas horas se irán los efectos y, lentamente, llegará el dolor. Soportable, si. Pero llegará.

Lo mismo que me pasa contigo. Anestésiame.

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