Vengo del dentista, me esperan dos horas con la boca inconsciente por la anestesia. La mandíbula inferior se desprende ligeramente de la superior, entreabriendo la boca y sacando así una sonrisa de payaso, irremediable, ilusa, suave, despreocupada: drogada. Trascurridas estas dos maravillosas horas se irán los efectos y, lentamente, llegará el dolor. Soportable, si. Pero llegará.
Lo mismo que me pasa contigo. Anestésiame.
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