
C de Cadiz, de cambios, de colocar (y re-colocar) las prioridades. De colores, de calor. De camisetas de manga corta, de Carlos, de estar al cien por cien, de cuidarse. Catalogar, conversar, calibrar la vida. Caminantes y caminos, cabezonería y cabezadas a la sombra de una palmera. De Cacique para animar las noches. Olvidar el cadaver que llegué a ser, las calificaciones y desmenuzar las cadenas que me rodeaban. De cafés con leche al atardecer y no rendirse ante la caducidad de las relaciones. Meter en cajas lo que sobra y alguna sonrisa en el cajón de la mesilla. Levantarse ante las caídas y convertir tormentas en calabobos. Caldear el ambiente con otros brazos y no callarse. Dejarse envolver por la calidad. C de callejear por mi corazón hasta dar con aquello que realmente me conmueve. De calma, de cielo. De levantarse tarde la cama, hacer de las calles camarotes. Llenar mi cámara de instantáneas y sentir como suenan las campanas de una nueva vida. Escribir yo la canción que pienso protagonizar.
En definitiva, de mí. C de Ceci.
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