domingo, 4 de abril de 2010

ONE HUNDRED AND TWENTY SEVEN


Mañana mis pasos dejarán este puerto, este Marzo, este éste y llegaran hasta Cadiz en busca, de nuevo, de otra nueva vida. Ha llegado la hora de comenzar algo nuevo, y dejar los 'de nuevos' en una esquina del ayer. Me he quedado la última en una casa, una cama y un sofá que nos ha abrazado durante unos días (siempre) maravillosos.

Y como soy la última, es inevitable: me toca limpiar. Porque, como todo lo trascendental en la vida, se deja para el final.

Pero no es solo el suelo, donde depositamos parte de nuestro "eso", lo que esta quedando libre de impurezas. Es un error pensar que el tiempo pone a cada uno en su lugar, es fácil sentarse a esperar un cambio, una señal, un milagro, ahogada en lágrimas. Acabo de coger la escoba por el mango, hoy, ahora. Y seré yo misma la que barra todo lo que estorba de mi alma, todo lo que tenía sentido solo porque tú se lo dabas, todas las bolas de espinas cortantes que revolotean a cada paso que dejaste.

Y quedaré LIMPIA de todos los sentimientos más perjudiciales para mi salud que los cigarrillos a los que (demasiado) a menudo recurro. LIBRE de la cárcel de barrotes ardientes que entre los dos (no sería tan valiente de adjudicarme toda la derrota) tejimos, consciente al fin de que la llave siempre ha estado en mi bolsillo. PURA de tí, porque amor, y perdona que te llame así, no eres más que un bicho malcriado y cabezota bastante resistente a los insecticidas que mancha y cubre todo con el polvo que cogen los muebles olvidados y los recuerdos.

En resumen, quedaré yo.

Iba perdida si tu luz. La oscuridad que lleno mi alma consiguió desgarrarla puede que, sin remedio. Pero ahora hay algo que brilla con más fuerza que lo que yo llamo "nuestro tiempo". Y sorpresa: soy yo.

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