Tal vez escribir esta nota ahora sea la peor idea del mundo, o quizá no. Cuando uno no sabe nada, desconoce lo que acontece a su alrededor, vive en la incertidumbre y en la ignorancia. En ese caso soy una ignorante. De esta idea saco otra: hay personas en el mundo que te instruyen hacia la sabiduría, y otras que te destruyen hacia la ignorancia.
En la vida he aprendido muchas cosas, unas más interesantes que otras. En los últimos meses he aprendido muchas cosas, unas más dolorosas que otras. En los últimos días he aprendido una sola cosa. Porque contigo, pero sin ti, aprendí a que puedo ver por la espalda, a sentir cerca cosas que no estaban frente a mí, que nos gusta el dolor o al menos hacer daño.
Soy una perdedora, un mal perdedora. No acepto, no aprendo, no relativizo. Porque de repente toda mi atmósfera está plagada de siglas de las que desconozco su significado, porque mefedrona y mescalina han entrado en mi diccionario y porque a pesar de eso, la peor droga seguía siendo la de tenerte delante.
En esa noche convertida en un baile de músculo y siglas, los neones y los láser me ayudaban a elevarme a cualquier otra dimensión, desde la que veía todo, desde la que te veía a ti, y a mí, y nuestros ojos clavados que rehuían para evitar un cruce destructor, aniquilador, necesario, deseado.
Porque contigo, pero irremediablemente sin ti, me cansé del sexo y de sus excesos. Porque lo he probado casi todo, y porque ese vacío plagado de ansia sólo me provoca una idea: dejar de hacer el amor. O de creerme que lo hago.
“Estar de vuelta” siempre fue una expresión que me causaba apatía. La gente que la emplea ¿qué siente cuando siente que está de vuelta? No me gustaría estar de vuelta de nada. Estar de vuelta implica el pesimismo absoluto, la negación de lo nuevo, de la sorpresa, del progreso. Implica mucho conformismo. “Estar de vuelta” es una expresión que seguramente inventó una desalmada.
No os confudais, yo no "estoy de vuelta". No voy a volver a eso. Nunca más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario