No sé lo que sentirán los que están enganchados a la cocaína, ni los que lo están a las máquinas tragaperras. Tampoco tengo la menor idea sobre lo que se le pasa a un enfermo de diógenes por la cabeza cuando acumula toneladas de basura en su casa, junto con la que convive, ni lo que piensa un fumador habitual de marihuana. No lo sé porque no lo estoy a ninguna de esas cosas. De pequeña mamá siempre me metió el miedo en el cuerpo y eso me sirvió, en parte, para vencer la tentación de caer en adicciones durante mi adolescencia. Si estuviera enganchada a la cocaína me sentiría fatal, porque sabría que no podría superar la adicción. Sentiría que no tendría poder sobre mi propia persona, me sentiría un rastrojo en manos de nadie, y eso me da mucho miedo. Cuando pierdo la referencia del autocontrol sufro, mucho además.
Siempre he fumado. No sé por qué pero siempre me gustaron las personas que fumaban, aunque nunca se lo dijese a él para no darle más motivos por los que fumar. Fumar es muy erótico. Un hombre que sabe fumar y sacudir la ceniza lo tiene todo ganado, si.
Estar enganchado a las tragaperras es muy 90s. Papá siempre vio fatal eso de las tragaperras y me lo inculcó desde pequeña, por eso hoy en día soy muy severa dando mi opinión sobre este tipo de adictos. Existen otras adicciones que me parecen muy compasivas y no las critico. En realidad, pienso que la gente que se torna adicta a algo es porque se siente tan vacía que necesita llenar ese hueco con algo que le ocupe la mente 24 horas al día, aunque a su vez te esté destruyendo tanto física como psicológicamente.
Hay personas que son adictas al sexo, a robar en grandes almacenes, a drogas... pero sin duda la peor es la de estar enganchado a alguien. Las personas somos lo más destructivo del mundo, la peor droga y la que tiene efectos secundarios más duraderos. Las personas, algunas personas, no entran por la nariz ni vienen en frascos de cristal, pero entran por el corazón. Al fin y al cabo el cerebro no siente, siente el corazón, por eso las drogas más malas son las que atacan al corazón, no al cerebro. En ocasiones me encantaría tomar una droga que me afectara realmente al cerebro y me lo dejara sedado durante horas, para no pensar. Sería otra de mis huídas, si. La droga de la que hablo es malísima, horrible, nefasta. Los efectos del popper duran apenas unos segundos, los de la cocaína unas horas... los de las personas duran días, meses y a veces incluso años.
Y nunca te rehabilitas del todo, pero es cierto que lo superas. Doy fé.
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