
A esto me refería, sí. Deberías habértelo imaginado, escribir, escribir, escribir… escribirte. Es parte de mí. Decirte felicidades y desearte un buen año me sabe a poco y se me queda bastante corto en cuanto a lo que quisiera de verdad decirte.
¿De verdad, de corazón? SE FELIZ. Cada minuto. Cada hora. Cada día de los próximos 20 años. No hoy, ni mañana: siempre. No desgastes ni un solo segundo curvando tu sonrisa hacia abajo. La vida es demasiado corta y bonita. Toma un poquito de mi felicidad, ahora que la tengo de nuevo. Tómala de regalo. Disfrútala tanto como yo lo hago. Que te saque de malos ratos, que ponga color a los días tristes y de alegrías cuando todo a tu alrededor se venga abajo. Que con ella seas capaz de ver que, en las noches frías de Diciembre, en las mañanas plagadas de (tus) malentendidos con el mundo o en los domingos feos y solitarios, me tendrás siempre como luz al final del túnel, como espalda a la que agarrarte al caer, como mano con la que levantarte. Siempre, entiendes pipita?. Pero también para verte cantar Sharks in your mouth, para compartir contigo un par de cervezas mientras vemos ganar (esperemos, joder) al Madrid o para, simplemente, gritar al mundo que Mozart fue mejor que todos. Te llevo conmigo, no lo olvides. Allá a donde vaya y, cada vez que te recuerdo, miro al cielo, y te lanzo un guiño. Suerte. No la necesitas, pero aún así: suerte. En todo. Lo conseguirás. Yo lo sé.
Que nadie te haga pensar que no mereces lo que quieres y recuérdame: saca esa estrella que llevas dentro, el mundo no se merece no verla. Eres grande, enorme. Así que paso de felicitarte, no, no voy a gritar: ¡Ey, yuhu! ¡20 años Pastrana! No, lo importante es que TU naciste, no el día de hoy. Y, claro, que apareciste en mi vida. Y que los dos somos un poquito así, un poquito asá, por culpa del otro. Probablemente a ti se te pegó mi belleza, mi niño guapo, a ver que te has creido. Así que ya sí, gracias Aya, gracias Paco. Ellos son los verdaderos premiados hoy, no quieras llevarte todo el protagonismo.
Y… que si todo falla, llámame, y jugamos a las raíces mientras comemos del McAuto.
(T, y es una T muy bonita y llena de cariño. Si la tiraras contra la pared ésta se volvería rosa, con tartitas de chuches y más cursilerías)
No hay comentarios:
Publicar un comentario