miércoles, 5 de enero de 2011

TWO HUNDRED AND FIVE

A veces lo tienes todo en un determinado aspecto de tu vida, en un determinado importante aspecto de tu vida. Crees vivir cosas que ni tan siquiera pareces merecer, o si, o quién es quién para decirnos qué meremos. Pero te despiertas durante meses y ves el mayor suceso que demuestra que la perfección existe dormido a tu lado, pidiéndote 5 minutos más. Suelen pedir 5 minutos más. Y en esos 5 minutos que decides robarle al mundo vuelves al comienzo, al origen. Tuviste que pasar por un pirata muy guapo y una rubia muy tonta. Siempre suelen ser guapos. Y ves que él no te quito nada, que solo te dio su barco. Y que tu montaste en él sin importar el destino, sin importar la lógica y la razón, sin importar que aquellos mares solo los creabas tú porque, una vez más, todo siempre ha estado en tu cabeza. Y ahora estás ahí abrazando un pedazo caído de cielo.

Otras veces son los errores los que nos hacen sentirnos vivos, humanos. El ver que no eres la única con mejillas rasgadas de tropezar, que no eres la única con nudillos llenos de pintura blanca de pared. Tus mejillas están tan limpias y puras como tus manos suaves y pulidas. Tus infinitos nunca se vuelven en mi contra y declararía mi cuello extensión de tu boca. Quitas el sueño, el hambre, el miedo. Seis meses y ningún error, ninguna palabra elevada de voz, ningún vacío, ningún silencio, ningún ningún. Solo tú. Solo tu y tu insuperable perfección. Lo siento.

Ha llegado él y me ha prometido noches de gritos entre copas, lágrimas en la almohada y llamadas sin responder. Me ha prometido errores, tropiezos, sangre y sudor. Lucha, deseo, rabia y empujones. Mentiras, engaños y dolor. Me ha prometido imperfección. Le he cogido de la mano.

Solo seré perfecta a tu lado, lo se. Pero nunca ha sido mi meta. Te querré por siempre.

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